Historia
Todo comenzó sin ninguna visión grandiosa. Sin plan de negocios. Sin sueños de emprendimiento. Solo un jefe que vendía puros premium a sus amigos por hobby, por pasión, por compartir algo que amaba.
En 2020, yo trabajaba para él como handyman Pero poco a poco, me fui ganando su confianza. Me dejó encargado de entregar los puros, de atender a los clientes, de Coordinar los pedidos, cuando alguien quería algo en especial. Sin darme cuenta, me estaba convirtiendo en parte de algo más grande.
Cuando vi la oportunidad y le propuse: "Hagamos una tienda", su respuesta fue clara: No. Él ya tenía su negocio en otro sector. Tenía éxito. Los puros eran solo un pasatiempo. No necesitaba más.
Pero yo sí vi algo más. Y ahí fue donde nació el verdadero emprendimiento.
Sin tienda física. Sin local. Sin nada más que determinación, registré El Rancho en Google Maps como una ubicación. Y algo extraordinario sucedió: la gente llegó. Compraban. Confiaban. Regresaban. Pero no me quedé estancado. Seguí avanzando, construyendo, creciendo.
En noviembre de 2024, di el gran salto: abrí la tienda física. Lo que empezó como entregas y pedidos se convirtió en un espacio real, tangible, profesional.
Hoy, El Rancho es más que una tienda. Es un círculo de confianza construido recomendación por recomendación. Atendemos a diplomáticos, embajadores, empresarios y hoteles de prestigio en Panamá. Personas de alto perfil que valoran dos cosas por encima de todo: exclusividad y confidencialidad.
Y lo que empezó en Panamá cruzó fronteras. Hoy tenemos clientes en Colombia, Francia, Suiza, Grecia, Asia y otras partes del mundo. Cada uno de ellos llegó por referencia, por confianza, por la calidad que ofrecemos.
Cada cliente que llega a nosotros viene referido por alguien que ya confía en nuestra calidad y discreción. Porque en este negocio, la confianza no se compra. Se gana. Cliente por cliente. Conversación por conversación. Puro por puro.
Lo que empezó como un "no" se convirtió en El Rancho: tu fuente de puros premium en Panamá con alcance global, operada por un salvadoreño que empezó haciendo mantenimiento y hoy lidera un negocio internacional. Porque las mejores historias no se planean. Se construyen. Y yo sigo construyendo.